06272017Tue
Last updateSun, 02 Nov 2014 9pm


Las Hadas de Cottingley

 

En los años transcurridos desde el episodio de Cottingley, Elsie y Frances nunca han reconocido que sus fotografías fuesen falsas. Pero tampoco han explicado por qué sus hadas vestían a la última moda.

En una carta a Edward Gardner, el teósofo que pretendía demostrar la existencia de las hadas de Cottingley, Polly Wright contaba la segunda campaña que su hija y su sobrina emprendieron para fotografiar a las damitas del arroyo: el tiempo estuvo nublado y brumoso toda la mañana, y no pudieron tomar fotos hasta la tarde, cuando se disipó la niebla y salió el sol. Así que las dejé y fui a tomar el té con mi hermana. Cuando volví quedé bastante desilusionada: sólo habían podido fotografiar a dos hadas.

La carta continuaba: Volvieron allí el sábado por la tarde y tomaron varias fotografías, pero sólo hay una en la que aparece algo raro. No podremos hacer gran cosa con ellas. Arthur reveló las placas.

Hay un post-scriptum que resulta delicioso: "A fin de cuentas, no logró sorprender a ninguna cuando se echaba a volar." Finalmente, las placas llegaron a Londres, donde Conan Doyle y Edward Gardner las estaban aguardando con impaciencia. Conan Doyle quedó maravillado con esta segunda serie de fotografías, y la utilizó para ilustrar un segundo artículo publicado en el Strand Magazine. Al año siguiente publicó incluso un libro, The coming of the fairies (El retorno de las hadas) donde da cuenta de cierto número de apariciones de hadas.

Las reacciones ante esta segunda serie fueron variadas, pero todas ellas se caracterizaron por un gran apasionamiento. La mayor parte de las personas se asombra ante el parecido de estas hadas con los personajes de los libros ilustrados para niños. También se subraya que sus vestidos y sus peinados son demasiado elegantes. Igualmente, la nitidez de las siluetas de estas hadas hace pensar en un hábil retoque.

Finalmente, la gente sospechaba que sir Arthur Conan Doyle estaba exagerando y se preguntaba cómo un hombre como él había podido mezclarse en un asunto tan turbio. De hecho, para el padre de Sherlock Holmes, estas hadas no constituyeron más que un pretexto. En una carta a Edward Gardner, explicaba: Mi corazón se alegró cuando recibí en esta lejana Australia su carta, anunciándome las tres fotografías logradas. Esto será utilísimo para nuestra doctrina. Cuando sea admitida la existencia de las hadas, el público estará dispuesto a admitir los demás fenómenos psíquicos...
Las reacciones favorables, es decir, las de los partidarios de la autenticidad de las fotos, resultan a menudo incómodas: son demasiado precipitadas y están con frecuencia impregna das de una excesiva ingenuidad. Los teósofos y los espiritistas parecían abandonar toda actitud crítica. El mismo Conan Doyle describía sin inmutarse la escena que figura en la quinta placa: Sentada en lo alto de la ribera, a la izquierda, un hada con las alas desplegadas parece preguntarse si ha llegado el momento de emprender el vuelo. A la derecha, otra hada de edad madura, con magníficas alas y abundante cabellera, ya ha emprendido el vuelo. Su cuerpo, ligeramente más denso, se adivina a través de su túnica de hada.

Cottingley se convirtió en un pueblo muy conocido. Por otra parte, ¿no se cuentan desde siempre historias de hadas y de duendes? Se sabe que las hadas y los demás espíritus de la naturaleza disfrutan cerca del agua, en los bosques; ¿acaso no se yerguen a las orillas del arroyo, cerca de la casa de las dos niñas, esos robles, esos fresnos y esos matorrales de espinos que siempre han estado asociados a las hadas y a las criaturas legendarias?

Incluso se organizó una expedición a Cottingley. Se solicitó al clarividente Geoffrey Hod son que se trasladara a Cottingley para "ver" a las bellas damitas del arroyo. Las dos niñas se divirtieron mucho con Geoffrey Hodson, quien efectivamente creyó poder afirmar que había visto un hada... Unos años después, las dos pícaras jovencitas reconocieron haberse adelantado a los deseos de Hodson y haberle sugestionado. Esta ingenua confesión contribuyó a reafirmar la opinión de los escépticos. Estos, para explicar las extrañas fotografías utilizaron alternativamente diversas hipótesis, aunque ninguna de ellas lograba responder a todas las preguntas que planteaba el análisis de las discutidas placas. La primera hipótesis tiene que ver con el interés que Elsie parecía sentir por las hadas, interés que rozaba la obsesión. Elsie no cesaba de dibujar hadas, de pintarlas, de garabatearlas por todas partes.

Además, como había trabajado algún tiempo con un fotógrafo, se podía deducir que... Mucho más tarde, cuando las niñas, ya transformadas en madres de familia, aceptaron volver a hablar de su aventura y confesaron haber engañado a Hodson, no hubo más remedio que reconocer que demostraban tener sentido del humor. ¿No era verosímil -que dos adolescentes que gozaban de cierta libertad inventaran una broma para - burlarse de los mayores? El jardín del arroyo era muy grande, lo mismo que el desván de la casa, y no había testigos en el momento en que se tomaron las fotografías.

En 1978, estas fotografías fueron sometidas a un nuevo procedimiento de ampliación, el cual había sido puesto a prueba, sobre todo, en el análisis de las imágenes enviadas por los satélites americanos desde la luna. Ese análisis reveló detalles insólitos, particularmente lo que parecían unos cordeles situados encima de las siluetas de las hadas.

Un estudio atento de las hadas también subrayó el extraño parecido entre sus atuendos y los de las hadas representadas en el Princess Mary's gift book, libro aparecido en 1914 y que gozaba de gran popularidad.

Todos esos argumentos quedaban anulados a los ojos de quienes creían en la autenticidad de las fotografías. ¿Elsie había trabajado con un fotógrafo? Quizá, pero sólo durante seis meses, y únicamente se encargaba de los recados. ¿Dibujaba hadas con frecuencia? Lógico, ya que las veía con frecuencia. Y sus dibujos no eran mejores ni peores de los de cualquier chica de su edad. ¿El parecido con el Gift book? Evidentemente, los dos grupos de hadas están bailando. Sin embargo, las de Cottingley tenían alas. ¿Los cordeles que aparecieron en la ampliación? ¿De qué material, suficientemente invisible para la época, podían haber sido hechos?

Un último argumento: estas dos fotógrafas aficionadas no tenían ningún móvil suficiente para montar semejante enredo, que -no lo olvidemos- salió a la luz por razones ajenas a su voluntad. Y ninguna de las dos contaba con el tiempo, los medios ni la habilidad suficientes para trucar las placas fotográficas...

Es curioso que, en los años transcurridos desde su infancia, las dos "reporteras gráficas de lo invisible" no hayan modificado sus declaraciones. Elsie, muy en su papel de abuela, aceptó finalmente ser interrogada por un periodista de la BBC en 1966. Sus declaraciones resultaron decepcionantes: confirmó que su padre había sido ajeno a todo el asunto, pero sostuvo que las fotografías eran auténticas. En 1976, en el curso de una nueva entrevista, se reafirmó en sus declaraciones, con el evidente propósito de preservar su vida privada y sus recuerdos de juventud.

Por lo tanto, el enigma de Cottingley sigue en pie. Evidentemente, un espíritu racional no ve hadas, pero la tozudez de las niñas y muchos hechos inquietantes suscitan ciertas dudas.

Y, en el fondo, ¿qué es la racionalidad sino una idea que fluctúa en función del contexto social? En muchas épocas, gentes considera das sensatas han visto hadas y diablos sin que nadie pusiera en duda su racionalidad. Muchas regiones del mundo son, desde siempre, ricas en manifestaciones sobrenaturales (una de ellas es la zona en que se encuentra Cottingley, por cierto).

Algunos investigadores se preguntan actual mente si las hadas de Cottingley no serán "impresiones fotográficas mentales", una especie de proyección de imágenes lo suficientemente fuerte como para impresionar una película. En este caso, el episodio de Elsie y Frances podría asimilarse a los fenómenos poltergeist, en los que suelen intervenir adolescentes de la edad de las dos niñas. Curiosamente, después de 1921 éstas dejaron de ver hadas.

 

Tendremos que contentarnos con soñar con estas hadas, ataviadas siempre a la última moda, y con esos duendes, cuyo aspecto, en cambio, no ha variado desde hace siglos. Su secreto no será descubierto. Las jovencitas han cambiado los álbumes de dibujos por la televisión para distraerse en sus ratos de ocio.

Share
Bingo sites http://gbetting.co.uk/bingo with sign up bonuses