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El OSNI del lago Siljan de 1976

Todo el mundo ha oído hablar de objetos voladores no identificados; pero, ¿qué sucede con los objetos submarinos no identificados? Son cada vez más numerosos los relatos acerca de los OSNIS.

 

La tarde del 30 de julio de 1967 el oficial Jorge Montoya, a bordo del buque Naviero, se encontraba de servicio, cuando el barco argentino estaba justo navegando por el Atlántico Sur, a 190 kilómetros de la costa brasileña. Los oficiales fuera de servicio y la tripulación estaban cenando abajo, y la normalidad era total. Al echar una mirada al mar por el lado de estribor Montoya sufrió un sobresalto al ver a una extraña nave con forma de puro deslizarse silenciosamente por el agua a unos 15 m de distancia. Se quedó pasmado durante unos instantes y después alertó al capitán por el intercomunicador. Cuando el capitán Julián Ardanza llegó a la cubierta, la misteriosa nave seguía moviéndose paralelamente al barco. Los dos hombres la estuvieron estudiando por espacio de 15 minutos, durante los cuales el objeto se mantuvo en la misma posición. La misteriosa embarcación brillaba con luz blanco-azulada brillante y no dejaba ninguna estela. Estimaron que su longitud oscilaba entre los 32 y los 34 m.

Después, sin previo aviso, la embarcación no identificada giró en dirección al buque mercante y, produciendo un resplandor brillante al acelerar, se sumergió por debajo del buque para desaparecer rápidamente en las profundidades del océano. Los oficiales y la tripulación del Naviero acababan de ver uno de los enigmáticos objetos submarinos no identificados (OSNIS). En una entrevista que la prensa le hizo posteriormente, el capitán dijo que desde luego no se trataba de un submarino convencional ni de una ballena, y que en veinte años de servicio no había visto nunca cosa igual.

El número de visiones de OVNIS registradas desde finales de los años 40 se acerca a las decenas de miles, y los relatos que se han ido recopilando sugieren que por las aguas de nuestro planeta circulan tantos OSNIS como OVNIS hay en los cielos. Más de un 70 % de la superficie de la Tierra está cubierta de agua. La profundidad media de los mares y océanos es de tres kilómetros, y el hombre apenas ha comenzado a explorar las vastas zonas que se encuentran debajo de la superficie. Estas zonas podrían ser lugares ideales para que seres tecnológicamente más avanzados realizaran sus actividades sin que los hombres pudieran advertirlo.

Del mismo modo que la diligencia de algunos investigadores ha llevado a descubrir relatos de OVNIS anteriores a la visión de 1947 -que muchos creyeron la primera-, también se han encontrado relatos acerca de OSNIS que datan del siglo pasado. La noche del 24 de febrero de 1885, en el Pacífico Norte, la tripulación del buque Innerwich vio cómo un enorme objeto que emitía una brillante luz roja desaparecía en el mar, levantando grandes cantidades de agua al sumergirse bajo las olas. El 12 de noviembre de 1887, cerca de Cape Race (Terranova), el capitán Moore, del buque británico Siberian, contempló durante cinco minutos cómo "una gran bola de fuego" se alzaba desde el océano hasta una altura de 15 m. Antes de partir se movió hacia su barco y en dirección contraria a la del viento. Este y otros muchos relatos sugieren que los OSNIS pueden a veces convertirse en OVNIS, y viceversa.

Uno de los casos más dramáticos registrados en los anales de los OVNIS es el que ocurrió la noche del 26 de julio de 1980. El remolcador Caioba-Seahorse efectuaba una travesía regular cuando, a 95 km de la costa brasileña, cerca de Natal, el contramaestre vio de repente un objeto gris de diez metros de diámetro que flotaba sobre la superficie. Al mismo tiempo podía verse sobre el mar una luz brillante que avanzaba rápidamente en dirección hacia ellos. El contramaestre viró rápidamente para evitar el choque con el objeto flotante, que encendió entonces luces de varios colores (amarillo, rojo, verde y azul). en aquel momento la luz brillante ya les había alcanzado, y podía distinguirse un cuerpo resplandeciente de forma ovalada que se mantenía suspendido silenciosamente a unos 60 m por encima del OSNI flotante. Los motores del remolcador se habían parado, y la tripulación contempló, con miedo y fascinación, cómo el OVNI se posaba lentamente sobre el OSNI. Tuvo lugar una conexión, las luces del OSNI se apagaron, y los dos cuerpos se elevaron juntos. Después de permanecer unos minutos flotando en el aire en aquella área, el OVNI, junto con su carga, se alejó rápidamente en dirección al mar. Naturalmente, este acontecimiento impulsó a las autoridades navales a llevar a cabo una investigación de alto nivel, y desencadenó entre los ufólogos civiles brasileños innumerables especulaciones. ¿Fue la tripulación del remolcador testigo de una operación de rescate de un OVNI por parte de otro? ¿O se trataba más bien de una operación rutinaria de recogida, realizada en un lugar convenido? No se pudo llegar a ninguna conclusión; y lo que las autoridades navales eventualmente pudieron descubrir, lo guardaron en secreto.

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