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Profetas del destino

En ningún lugar está tan difundido el caso del mochilero fantasma como en los Estados Unidos. Apenas hay un estado en el que se desconozca la historia; desde la frontera con México hasta el Canadá y desde Nueva York hasta California, se ha afianzado como una de las historias de fantasmas más frecuentes. 

Ello fue confirmado por los folckloristas Richard K. Beardsley y Rosalie Hankey en dos exhaustivos artículos titulados "El mochilero desaparecido" y publicados en el California Folklore Quarterly de octubre de 1942 y enero de 1943. Hallaron básicamente cuatro tratamientos distintos del motivo: junto a las típicas versiones de la chica fantasma que da su dirección y de la "Pele" de Hawai, había narraciones en las que el fantasma mochilero -a veces una monja, y casi siempre una anciana- enunciaba una profecía, generalmente relativa a una catástrofe. La otra variante es muy teatral: el conductor se encuentra con la chica en una sala de baile o en un bar y ésta le toma prestada una pieza de vestir que más tarde el conductor encontrará sobre la tumba de ella. Más tarde, otros folckloristas norteamericanos prosiguieron esta particular caza de fantasmas, y añadieron innumerables tipos de mochileros fantasmas más a los 79 descritos en la recopilación de Beardsley y Hankey. Hacia la década de los setenta empezó a detectarse una corriente de clara preferencia por la variante "profética" del mochilero fantasma; al mismo tiempo podía verse cómo muchos grupos culturales distintos de los Estados Unidos estaban haciendo de la historia un nuevo vehículo de sus doctrinas religiosas o culturales. Así, por ejemplo, el fantasma a veces se identificaba con un apóstol de la doctrina de los mormones, a veces con un profeta de la segunda llegada de Jesucristo (o con el mismo Jesucristo) y -según el parapsicólogo norteamericano doctor Scott Rogo- a veces con un moonie, un miembro de la Iglesia de la Unificación.

El conjunto de estos estudios folklóricos conduce a la idea de que el fenómeno del mochilero fantasma es el resultado de la repetición y transmisión de una historia fantástica. Pero Andrew Lang señaló en una ocasión que dos historias de fantasmas idénticas, ocurridas en dos lugares distantes entre si, difícilmente pueden ser producto de la difusión de una misma historia. Los modelos -al igual que, por ejemplo, los fenómenos poltergeist- se repiten en todas las épocas y culturas no porque se trate de la relocalización de unas historias, si no porque "los acontecimientos se repiten". Existen pruebas de fenómenos que se reproducen exactamente igual en lugares y épocas muy apartados. Nadie podría sostener en serio que la mayoría de historias sobre mochileros fantasmas sean algo más que una leyenda; pero ¿puede considerarse un pequeño número de ellas como un fenómeno repetitivo de este tipo?

André van der Wherte aseguró que su relato correspondía a una experiencia real. Los periódicos, de los que se supone que publican acontecimientos reales, han publicado también historias similares de mochileros fantasmas; y aunque uno se siente inclinado a tomarse las informaciones de los medios masivos sobre lo paranormal con cierto humor, sigue valiendo la pena plantearse si todos los mochileros fantasmas son sólo motivos populares modernizados, a los que la letra impresa ha conferido cierta respetabilidad.

Tossa del Mar, España, en la que un súbdito belga recogió a una mochilera fantasma.

De vez en cuando, las investigaciones revelan que detrás de lo que parece una historia inverosímil se ocultaba un núcleo de hechos reales. En Sudáfrica se ha dado noticia en cuatro ocasiones de la manifestación del mochilero fantasma de Uniondale, y en las cuatro ocasiones existía una relación con una tal María Roux, que murió el 12 de abril de 1968, a la edad de veintitrés años, a raíz de un accidente automovilístico. Hay que admitir que dos de estas supuestas visiones son muy vagas e insatisfactorias, y que las otras dos presentan algunas contradicciones. Sin embargo, al escribir un articulo sobre el resultado de sus investigaciones en el número del mes de julio de 1979 de la revista Fate, Cynthilia Hind no pudo descartar el que los incidentes hubieran ocurrido más o menos tal como se había declarado y, lo que quizás es todavía más extraordinario, el que hubiera pruebas en apoyo de los conductores que afirmaban haber tropezado con la aparición de la muchacha muerta.

En Gran Bretaña, el relato sobre mochileros fantasmas más famoso se sitúa en Blue Bell Hill, entre Maidstone y Chatham (Kent), y es muy semejante a la historia de Uniondale. Apenas existen pruebas que puedan ser estudiadas por un investigador psíquico: faltan los nombres de los testigos, y el tiempo ha hecho que algunos detalles oscuros y otros importantes se hayan perdido. No obstante, la enorme cantidad de anécdotas recogidas en esa área, de las que sólo una parte se ha publicado, están todas sin excepción relacionadas con el espíritu de una muchacha que murió en un accidente automovilístico la víspera de su boda, al pie de la Blue Bell Hill, en noviembre de 1965. Este accidente, al igual que el dramático suceso de Uniondale, tuvo lugar en la realidad, pero en otras narraciones la conexión entre el mochilero y una muerte producida en la misma carretera no son más que conjeturas. La gente tiende a considerar que los fantasmas proceden de algún hecho trágico, y la tentación de buscar accidentes que expliquen el caso es muy grande.

Hay que recordar también que existen historias similares a éstas muy anteriores a la época del automóvil. Y otras pruebas fidedignas indican que este tipo de mito sigue siendo significativo para la mentalidad actual. A raíz de la erupción del Mount St Helens, el 18 de mayo de 1980, empezaron a circular por los Estados Unidos historias acerca de una mujer vieja, algunas veces descrita como una monja, que había profetizado este y otros acontecimientos a unos motoristas de Washington y de Oregón que la habían recogido cuando hacia dedo. Es posible que la historia del mochilero fantasma constituya una variación del antiguo mito del misterioso forastero que acude para avisar a la humanidad de un daño inminente, mito que, por otra parte, también parece prolongarse en las historias de contactos con extraterrestres

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